Si
existiera la posibilidad de volver atrás. Si en tu mesa hubiera un botón que todo
lo borra. Un mecanismo a base de engranajes capaces dar vueltas a las
manecillas de un reloj. ¿Lo pulsarías? Si lo haces porque no te gusta tu vida,
detente. Piensa en las consecuencias que eso supondría. Tendrías el valor de
tomar esa decisión. Dejarías de lado todo lo que eres, tan poco te gustas que
estás dispuesto a empezar de cero. ¿Tanto odias en que te has convertido?
La mayoría de las personas no se preguntan las repercusiones que tendría viajar en el tiempo. Simplemente se congratulan de tener la posibilidad para poder hacer las cosas de diferente manera. Tratarían de enmendar decisiones pasadas para no sufrir, evitar dolor, recuperar aquel amor que jamás fue suyo, o para convertirse en aquello que anhelan y que nunca llegarían a ser en el tiempo que viven.
Aunque existiera tal botón, sería un producto de tu imaginación, una falsa realidad. Ya que aunque cambiáramos decisiones pasadas, no se puede cambiar nuestra condición. Somos lo que somos por naturaleza. Nacimos, viviremos y moriremos como nosotros mismos, y si lo negamos es mejor que adelantemos la fecha de llegada al cementerio, pues no tendrá sentido vivir. No importa la rectitud de tus decisiones, por dentro estarás marchitándose lentamente. Solo aceptando lo que somos tenemos una mínima oportunidad de ser felices en la vida.
Serías capaz de volver al pasado y olvidar todo lo bueno de tus errores, Estarías dispuesto a seguir un camino desconocido. Sin saber la dicha y la desgracia que supone. Estarías dispuesto a pasar por todo el dolor otra vez sin estar seguro de si vas a terminar en el mismo punto en el que estás ahora. Acaso no aprecias lo que tienes. Que es lo que está tan mal dentro de ti para hacerte siquiera pensar por un instante que dejarías de lado a todo el mundo que te rodea, solo para buscar otro. Que puede ser increíble o desolador, pero al fin y al cabo es diferente.
Y después de pensar en todo. Se realista y honesto y respóndete a ti mismo si merece la pena hacerlo. Yo lo hice en su día y efectivamente, la oscuridad oscureció un mi mente como la neblina que se cierne sobre la primera luz del alba y evita ver las brillantes gotas de rocío de los primeros días de primavera. Me dije que pulsaría el botón con tanta ansia que de mis manos emanaría un manantial sangriento. Y entonces… Otra pregunta ¿Dónde detengo el reloj? Qué estoy dispuesto a perderme, cuáles son las vivencias de las que necesito abstraerme.
Realmente no queremos perder nada de lo que tenemos. Pero si estamos dispuestos a conseguir algo, necesitamos hacer un sacrificio. Un sacrificio de igual valor al reto que nos hemos fijado. Es el principio de equivalencia. Nada es gratuito, todo tiene un precio. Si has tenido dudas en pulsar el botón, tranquilo, solo significa eres humano, tienes consciencia y no sabes que es lo que estás dispuesto a ofrecer. Pero… ¿realmente no lo has pulsado aún? ¿No lo hacemos todos inconscientemente?
He mentido un poco. El botón existe, está dentro de cada uno de nosotros. Es el motor de nuestro cambio, la razón del movimiento. Lo pulsamos todos los días para deshacernos de aquello que nunca quisimos ser y aprender a convertirnos en la mejor versión que podemos ofrecer. El sacrificio, todos los errores que cometimos. La recompensa, todo lo que jamás estuviste dispuesto a soñar.
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