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domingo, 20 de noviembre de 2016

ARRASTRÁNDOME


La señora púrpura me invitó a cenar. Si, cenar con una señora a mi edad.  Pero al llegar a la taberna no cenamos, solo bebimos. Me puedo figurar lo que estáis pensando.  Soy un idiota por no cenar…  Os equivocáis. Soy un puto idiota aunque cene. Es mi condición.  Hubo unas conversaciones propias de filósofos, Platón estaría orgulloso de nosotros. Se habló de mitología y hasta de la guerra civil española.  De la segunda no hablé casi nada, de la primera tampoco.  Soy un excelente oyente, Freud estaría orgulloso de mí. La señora púrpura monopolizó ambos temas porque era la que más sabía.  Ha estudiado historia y como es habitual en los licenciados de esta rama del aprendizaje,  cada vez que tienen la oportunidad de mostrar lo que saben.  Lo hacen.  

El caso es que salimos de aquel lugar bastante tajados y con ganas de mucha fiesta.  Pero había poco tiempo porque tenía que dividirme para estar en el cumple del señor rojo furcia.  Nos arrastramos de taberna en taberna. Bebimos y bebimos cada vez más.  Había con nosotros una tercera persona.  Os diría su nombre real, pero tengo que poner nombres absurdos de colores a todo el mundo y el suyo se me ha olvidado.  Era su cumpleaños y le regalé un objeto absurdamente placentero.  El regalo le encantó.  Que regalos tan cojonudos hago. 

Me despedí de la señora púrpura y amiga y me arrastre dirección señor rojo furcia.  Me había escrito un mensaje, estaba en la taberna del sobresuelo.  Al entrar me topé con unas muchachas.  Creo que eran 4, o tal vez 5. Intentaron llamar la atención para que me dirigiera hacia ellas.  No tenía ni ganas ni tiempo para perderlo con aquellas desconocidas.  Mi amigo me esperaba dentro y era también su cumpleaños, las mujeres podían esperar. Además, me acaban de dejar y lo único que pienso es en bailar break dance (explicación de esto en futuras entradas).

Fue una decepción arrastrarme por el antro y no encontrarlo.  Más decepcionante fue el hecho de que me mandara otro mensaje diciéndome que estaba en otra parte, justo donde estaba yo hace 5 minutos.  No pasa nada, el karma me lo devolverá.  O igual me estaba castigando.  Entonces ¿Qué he hecho mal? Total, que salgo del sobresuelo y ahí estaban las amigas de antes.  Esta vez insisten y me piden permiso para preguntar dos cosas.

-Mmmmm…  Pues me da igual.  Pero para daros que pensar os dejare hacerme una.  Pensároslo bien, porque si la respuesta de una de las preguntas es obvia o negativa os arrepentiréis y querréis cambiar. Pero no podréis.  Elegir sabiamente.- Respondí a pesar de mi estado de embriaguez.

Parece una respuesta elaborada en la comodidad de un sofá, pero os juro que estoy sentado en una silla.

-Vale ¿Quieres sentarte con nosotras y pasar la noche en nuestra compañía?- Espetó la más interesada en mi rabo.

-Pues no,  estoy buscando al señor rojo furcia (en realidad dije su nombre real) que me está mareando y como es su cumpleaños me toca buscarlo y estar con él.-Dije mientras pensaba en bailar break dance.

-Pues nosotras vamos donde tu vayas.- Dijo la que más rabo quería junto a sus 4 o 3 amigas que probablemente querrían lo mismo.

Y así fue, me escoltaron hasta el antro en el que se resguardaba rojo furcia. Ha perdido el honor de llamarse señor por escurridizo.  Estuve mucho tiempo buscándolo.  Maldito.  Total, terminamos todos en aquel antro.  Dos de las chicas que me estaban acosando movieron ficha y se acercaron cual lobas.  Estuve inteligente y le presenté a un chico guapo que no conocía de nada  a la más pesada de las dos.  Estaba desesperado y la jugada salió perfecta.  Soy un celestino divino. 

Genial, salí del antro para quitarme a la otra de encima.  Solo tenía la cabeza para el break dance.  Estaba a punto de hacer alguna tontería por amor y necesitaba tomar el aire.  Era lo sensato pero el karma me azotó sin compasión.  Cuando intente volver el portero dijo que el aforo estaba completo.  Y hasta aquí la noche, bueno mi amigo se ligó a la que quería mi tercer pie.  Soy un wingman increíble. Me arrastre hacia casa y por si fuera poco me volví a arrastrar en forma carta dirigida a mi amor no reciproco. Patético, solo un poco.  Debería dejar de hacer estas cosas. También debería dejar de beber.  Pero eso no va a pasar.

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